NO ES MI TIPO.

Trabajo en un agroquímico y llevo un tiempo allí. Al igual que un compañero de trabajo «el trabajador modelo», pero a mi no me calaba. Llegó el día de amor y amistad, entrega de regalos, abrazo, beso y unas copitas. Para mi fue regalo doble; mi amigo secreto fue él, así que por este motivo hubo oportunidad de charlar un poco más de lo habitual; pués yo rehuía de su presencia cada vez que podía debido al fastidio que le sentía.
Sin embargo, ya entrada la noche cuando era hora de irnos y un tanto más contentos, nos repartimos de tal manera que unos acompañaban a otros según las rutas para ir a casa. Debo aclarar que nunca llegue a mi casa y que acepte un poco de compañía extra de este compañero destestable, hubo unas copas más, risas, unos besillo y púes sexo. Esto último tan solo para mi evidente al despertar. Cama extraña, sitio extraño, hombre extraño, en fin. No me di mala vida con lo sucedido, no fue la gran cosa, de hecho no recuerdo nada y si no me acuerdo, no paso. Después de eso el intentaba charlar conmigo (obvio soy irresistible) y recibí algunas invitaciones y coqueteos que rechace y esquive como pude.
Un día en horario de almuerzo, coincidimos en la bodega. No pude escapar. Hubo un par de chistes (lo acepto fueron buenos) un coqueteo al que respondí con una gran sonrisa. El cerró la bodega y se aproximó a mi con las mejores intenciones de pasar un buen rato, creo que estaba ovulando porque hubo un desenfreno que no esperaba de mi parte. Nos dimos unos buenos besos, unos apretujones para entrar en confianza y algunas palpasiones que quitaron nuestras ropas con desenfado; todo esto entre los aparadores que contenian los productos de ventas. Todo este encuentro fue de pie, las caricias pecaminosas terminaron en penetraciones intensas. La fuerza que él imprimía al entrar en mi, el contacto de nuestros sexos me encantaba, la manera de sujetar mis senos en sus manos y el obligarme a recibir su estocada de la manera que el quería para hacer más ritmico y firme su movimiento me sometieron de tal manera que me llevaron a sentir orgasmos múltiples. Todo este encuentro furtivo, malsano, de erotismo puro, desenfrenado, era genial, de película. Tanto así, que desde ese día mi posición favorita es de pie. Desde entonces nuestros encuentros han sido repetitivos y lo hacemos con descaro en nuestro trabajo. ¿Serán lo efectos de los pesticidas, lo que nos pone tan cachondos? No se. Pero estoy segura de que quiero repetir con este compañero de trabajo tan insoportable.

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Relatos eróticos de Madame lautier.

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